El pH (potencial de Hidrógeno) mide el grado de alcalinidad o la acidez de una sustancia. Mantenerlo en sus niveles óptimos es más importante de lo que puedas imaginar. Por ejemplo, una variación en el pH de nuestra sangre podría resultar fatal. De ahí que tengamos que vigilar nuestra alimentación y nuestra salud emocional (principales causantes de acidosis). ¿Y por fuera?

El pH de la piel también sufre con la contaminación, los cambios de temperatura, la luz directa del sol o la acción de determinados productos químicos. Variar el pH de nuestra piel también tiene consecuencias. Por ejemplo, si se vuelve alcalina, la piel pierde agua y se deshidrata, se deseca, se vuelve hipersensible y más susceptible a infecciones.

Mantenerla limpia, exfoliada e hidratada, en sus niveles óptimos de pH, nos permitirá lucirla en todo su esplendor. Tanto si es una piel grasa o seca, hidratarla por fuera mediante lociones…y por dentro, bebiendo agua en abundancia. Mejor, de una jarra de agua ionizada. En este caso, el hidrógeno contribuirá a regular nuestro nivel de oxidación retrasando el envejecimiento. La venta de agua alcalina se ha disparado en los últimos tiempos a raíz de las muchas ventajas que representa para la salud de nuestro organismo y de nuestra piel.

 

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